Su fuerza, su empuje, su espíritu de sacrificio, su constancia,..., en fin que luchadora transparente, que luchadora honrada, que luchadora tierna. El oxímoron se extendía en todo su ser; aunaba las necesidades vitales de convivencia y subsistencia de esta sociedad, con el virtuoso sentido de aliñar sus acciones con valores profundos, que embriagaban de ternura a su interlocutor, que independientemente de su posición social recibía el mismo trato natural que a Crstina parecía brotarle sin esfuerzo. Como ella me decía algunas veces: "no eres trigo límpio", y ella lo era en tal magnitud, que mirarase por donde se mirase no se apreciaba ni una mancha.