Acabo de estar con nuestro ahijado Jorge, el Campeón para Cris. Nos abrazábamos
y yo sentía el Calor de Cris, su aliento para que lo apretujara, le diera
intenso cariño, lo quisiera a tope y como no le diese algo. En su vida me pedía
un sinfín de veces que fueramos a verlo a su casa, y yo con mi egoísta actitud
de comodidad pues le decía que no. Y ahora qué, pues me ahogo en tristeza por
no haberle hecho caso, haberla complacido más, de verdad Cristina hubo merecido
mejor esposo. Cuando uno se ve tan infimo ante tal seráfica divinidad, nada en
una nube buscando una estrella sin parar. De verdad que en esta vida solo me
queda ser más bueno, la conversión que Cristina ha provocado en mi, su Luz de
SOL nunca dejará de iluminarme y, si Dios quiere, la reflejaré como una Luna
bien llena.
VIVE A CRIS