Recién
llegado de la Romería Mariana dominical, mas allá del normal aseo personal, lo
que noto es mi “aseo espiritual”. El resto de la semana también me empapo de
Cris y en orar al Señor, pero siento que, con todas las ocupaciones y piedras
angulares que nuestro quehacer diario contiene, la mopa no es capaz de hacer
una óptima limpieza.
Cristina
cuando se ponía a limpiar, a fondo, recuerdo con especial cariño su acepción
favorita: “estoy de zafarrancho”, y en verdad lo hacía a conciencia, limpieza a
detalle, ganas y perfección hasta el último huequecito. Y yo la ayudaba muy
justito, muy vago y perezoso; ahora lastimosamente me doy cuenta que sus
llamadas de atención eran muy justas, aunque en su momento me molestasen y tuviéramos
discusiones por las cuales le estaré pidiendo perdón a ella y a Dios toda mi
vida.
Que maravilloso
es, por lo menos una vez a la semana, ponerse de “zafarrancho” , acercarse la
Paz y el Amor a nuestros recónditos agujeros humanos y disfrutar del
beneplácito provocado por semejante deidad.
EMPÁPATE DE CRIS