Hoy
puedo contar que hermosa es la vida que Dios nos ha regalado. Con Cristina, que
sabéis había decaído en su práctica católica desde una infancia cargada de participación
plena y gloriosa, cuantas veces me lo tiene contado…, pues como decía, con Cris
todos hemos podido comprobar que no era una persona normal, su vida diaria era
un reflejo, aunque fuese menor, de la vida de Jesús. Repito y sin caer en un
sacrilegio, que Dios me perdone y ya me entendéis, a su nivel multitud de
acciones diarias era bañadas de amor al prójimo. Sin ir más lejos, el aguante
que yo calificaría de inhumano en la terrible resistencia de su sufrimiento,
que le provocaban sus varias, graves e indiagnosticadas enfermedades; era su
fin sonreírle a la vida, y a lo que ella
tanto le preocupaba: EL PRÓJIMO.
Probablemente esa virtud la ha llevado a irse de este
mundo, mirad: la acompañaba al médico y sus enfermedades eran lo último,, lo
primero era sonreírle y darle cariño al galeno. Así, hasta que no pudo
aguantar, y cuando no pudo se fue intentando seguir agarrada a su querida vida,
pero con tan poco ruido que se diría UN ÁNGEL NOS BRILLA PARA SIEMPRE.