En busca
de un camino que repone algo de Luz a nuestras vidas, uno nunca debe periclitar,
ni desfallecer. Cristina, os puedo asegurar, sus cuatro y especialmente dos
últimos años fueron muy dificultosos y exigentes en su discurrir humano; con
muchos dolores, padecimientos y falta de un mínimo bienestar. Pero para ella no
era nunca la última palabra de aliento, nunca te dejaba solo, sus luces, aunque
disminuidas, nunca dejaban de alumbrar a nuestras carencias. En nuestro tálamo,
en no pocas ocasiones se confesaba en sus lastimeros temores, y por momentos
encontraba la desilusión y la tristeza, confesándome que a ella le quedaba poca
vida. Se lo presentía, pero ella seguía amando, queriendo todo lo que tocaba.
Con CRIS
me pareció haber vivido la más increíble propedéutica enseñanza, para los que
aún conservamos la vida humana seamos siempre dignos y ricos en el Amor.