En no
pocas ocasiones uno se encuentra ahíto de las tribulaciones que nos salpica
nuestro quehacer diario, cuando esto me sucede y de una manera un tanto egoísta
busco a mi Ángel de la Guarda, lo busco con ahínco sabiendo y palpando que en la
tierra no lo tengo, y me salpican las mejillas las gotas de esa fuente, que
Cris alimenta y ayuda con magnifico amor, a que nunca se seque por muy
persistente que sea el anticiclón.
Cris
pone a mi disposición a grandes humanos, a los cuales me apego, que me donan su
amor con increíble facilidad, llegados a este punto confieso que también me
llena de humana tristeza no poder
disfrutar de ello con Cris, es vivir un infatuado maná de cariño y de ese
derroche de gusto en algunos caso un tanto hedónico, sin ir más lejos el sábado
que viene iré a almorzar con nuestros amigos Manolo Campelo y Juan de Incio, y
en el cual seguro volverá la fuente lagrimera a sentir tan grande amor. Disfrutad
de cada segundo del amor que podáis, es lo más maravilloso, el amor es oro y
con amor todo se puede, incluida la mala salud.