Aunque
el camino sea dificultoso en nuestra vida humana, debemos ver en la superación
de nuestras debilidades oportunidades de acercarnos a nuestro padre Dios que
siempre tiene los brazos abiertos para ofrecernos todo su cobijo. Uno de mis
múltiples defectos es ser demasiado “agarrado”, cicatero en la generosidad de
dar, véase habitualmente invitar,
obsequiar con regalos, etc.. Lamentablemente esta debilidad, punto flaco de mi
ser, no acompañaba a toda virtud generosa de Cris, Ella tenía en todo su ser la
generosidad por bandera, su corazón bombeaba el dar a los demás, el ofrecer sus
bienes. Veo ahora su Luz, y sin alcanzar ni de lejos su exquisito y natural
nivel de divina generosidad, trato de seguir su acendrada enseñanza, su gran
Luz y pobre de mi siento que he sido un tardío alumno y, por encima de ello lo más
triste es haberle provocado en su vida humana tanto disgusto en contradecir,
discutir y regañarle su maravillosa virtud.
Ahora como un humilde epígono, trato de seguir su Luz Perenne, sin dejar
de sentirme, en no pocas ocasiones, un tanto culpable por no haber seguido tan increíble
enseñanza cuando ella podría disfrutarla junto a mi.
En verdad
no conozco a nadie que Cris no le haya dado más que de ella hubiese recibido,
la ví tantas veces dejando su “sangre” en la bendición de dar, de ayudar al
prójimo. Pobre de mi por ser tan cicatero en el seguimiento de su generosidad. Pobre
de mi por ser tan maldito en regañarle en su generosidad.
En estas
dificultades, como en tantas otras que tiene mi ser; veo una Luz, una Luz
intensa, una Luz Perenne que no se cansa de ayudarme a seguir un camino lo más
limpio y expedito posible. Cristina sigue enseñándome a cada segundo de mi
existencia, que suerte más maravillosa. Gracias Cris.
VIVAMOS A CRIS