Cuan
largos eran las semanas dedicadas al estudio, que por encima no disfrutaba,
amaba y amo las letras y mi camino había ido por ciencias. Pues como ahora
mismo, disfrutaba cogiendo bolígrafo y papel para ir desgranando mi sentimiento
en la distancia de cinco días que parecían interminables, pido perdón a las
personas que su distancia si es en realidad un problema mayor. Mi egoísmo no
controlado perturbaba mi Ser, es ahora en la mejor objetiva distancia donde
logro ver cuanto camino tenemos en pensar menos en el Yo. Perdón por esta
digresión, vuelvo al tierno calor humano que transmitía en esas cartas
manuscritas que contaban el día a día, en ocasiones rozaban el hora a hora. A Cris
le encantaba que le escribiese y ella me escribiese, me hacía sentir el AMOR,
provocaba en mi aletargado corazón que cientos de latidos bombearan ternura,
como glóbulos especiales que se entrelazaban con los hematíes, con los blancos,
con las plaquetas e irrigaban toda su bondad.
En julio
de 1993, en ese año santo, especial por la dimensión que cogió el Xacobeo, Cris
hizo el Camino de Santiago con su querida amiga Chon, su niño del Adaxa Toño,
el chavalín del Mesón Alborada del Malecón, y con su malvada enfermedad aún
aletarga , paso cinco días inolvidables, encantadores según su relato, su
escucha, cuando me enseñaba las fotos y las amistades (estuvo durante muchos
años posteriores escribiéndose con un anciano de Olot, que hiciera el camino
con su nieto), a caballo en Arzúa, imaginad lo ágil y atrevida que era, se me
va ahora la mente lo que disfrutaba en las atracciones de las fiestas (era
maravilloso verla), el Monte de Gozo, el Obradoiro y la Compostelana, cuanto la
sobó, la saboreo y la enmarcó luciendo en el pasillo de su Casa. Cuantos
momentos tan maravillosos pasamos al abrigo de tanto recuerdo feliz y pleno de
Amor.
Vivamos a Cristina