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domingo, 12 de agosto de 2018

EL ORIGEN. El regalo que Dios me tenía preparado (XII)


Cuan largos eran las semanas dedicadas al estudio, que por encima no disfrutaba, amaba y amo las letras y mi camino había ido por ciencias. Pues como ahora mismo, disfrutaba cogiendo bolígrafo y papel para ir desgranando mi sentimiento en la distancia de cinco días que parecían interminables, pido perdón a las personas que su distancia si es en realidad un problema mayor. Mi egoísmo no controlado perturbaba mi Ser, es ahora en la mejor objetiva distancia donde logro ver cuanto camino tenemos en pensar menos en el Yo. Perdón por esta digresión, vuelvo al tierno calor humano que transmitía en esas cartas manuscritas que contaban el día a día, en ocasiones rozaban el hora a hora. A Cris le encantaba que le escribiese y ella me escribiese, me hacía sentir el AMOR, provocaba en mi aletargado corazón que cientos de latidos bombearan ternura, como glóbulos especiales que se entrelazaban con los hematíes, con los blancos, con las plaquetas e irrigaban toda su bondad.

En julio de 1993, en ese año santo, especial por la dimensión que cogió el Xacobeo, Cris hizo el Camino de Santiago con su querida amiga Chon, su niño del Adaxa Toño, el chavalín del Mesón Alborada del Malecón, y con su malvada enfermedad aún aletarga , paso cinco días inolvidables, encantadores según su relato, su escucha, cuando me enseñaba las fotos y las amistades (estuvo durante muchos años posteriores escribiéndose con un anciano de Olot, que hiciera el camino con su nieto), a caballo en Arzúa, imaginad lo ágil y atrevida que era, se me va ahora la mente lo que disfrutaba en las atracciones de las fiestas (era maravilloso verla), el Monte de Gozo, el Obradoiro y la Compostelana, cuanto la sobó, la saboreo y la enmarcó luciendo en el pasillo de su Casa. Cuantos momentos tan maravillosos pasamos al abrigo de tanto recuerdo feliz y pleno de Amor.

Vivamos a Cristina