Voy a
salir para la misa de domingo y Cris, como cuando hacía en vida humana, me da
todo su cariño y me sonríe diciendo que guapo estás. Desde la cama en donde
descansaba de sus enfermedades, me miraba con tanto amor y soltaba, todo lo que
podía, una amplia sonrisa para hacer el bien a pesar de no compartir su para
ella excesiva notoriedad en mi muestra de veneración y práctica católica
cristiana, sabéis bien que ella lo hacía todo por amor por mi, aunque sufría
mucho en su interior.
Cristina
era la pureza desde la mesura y la discreción, era la bondad que brotaba
escondida, era la generosidad sin notoriedad…, era la alegría de la casa a
pesar de tanto golpe en su salud.
Cristina
me acompañó, acompaña y me acompañará aunque yo no merecí, merezco y
probablemente nunca lo merezca; jamás
lograré devolver tanto amor. Mis lágrimas caen y se estampan tan frías, como queriendo
llamar a más y más para que se mantenga el calor, queriendo cuidar suavemente a
Cristina. Cris, mi Amada Inmortal, perdóname todo el sufrimiento que te he
hecho pasar en vida y por favor sigue mirándome con tus ojitos llenos de
amorosa sonrisa aunque no compartas mis haceres, como tanto me diste en tu vida
terrena.
Bendita seas en el reino del Señor
Te quiero mucho