Una de
las muchas virtudes de Cris era el estar pendiente de las debilidades que se
encontraba en el día a día. Recuerdo cuando al final de la jornada laboral me
relataba cuanto sufrimiento había en el pueblo, teníamos muchas diferencias en
no pocas de las percepciones sociales que me exponía. Yo, como escondido en mi
caparazón, pobre de mí, no aprendía del mundo más humano, como si sufriese
misantropía no lograba ver tanta información que si lograba vislumbrar Cris,
por su bondad y corazón siempre abierto para con los demás, siempre acogedor y
siempre compasivo. Ha tenido que dejarme aquí en la tierra para poder
vislumbrar, con su Luz y con mi corazón abierto, desgarrado por mi debilidad de tanto dolor humano y con
tanto calor recibido, lo magnífico que es dar cariño, sentir y compartir risas
y lágrimas, fiesta y trabajo, enfermedad y salud, con tantas personas.
Uno
siente la caricia en el corazón de su calor, uno se siente muy débil, tenía que
ser ahora cuando Cris no la tengo a mi lado en carne y hueso. Pero como un
nuevo impulso de Cris, para tratar de hacerme bueno, me llega a mi corazón y me
encuentro bien entre su espíritu, mi fuerza está en ser débil (domo decía San
Pablo), para que ella me coja y nunca me suelte, es una hora preciosa aquella
en la que comprendo no poder hacer nada sin Ella.