Esta semana ha sido muy especial,
la fantástica búsqueda de los humanos en tocar y alcanzar la santidad, el
camino al que estamos llamados todos los cristianos en nuestra linda vida, se
recuerda cada primero de noviembre con magnífica solemnidad.
En este baúl del Amor Viviente de
Cristina, nos acordamos de todos los humanos que han tocado la santidad, pero
especialmente, y con permiso del Señor, de aquellos que como Cris nunca van a ser
canonizados en la Iglesia, en todo caso son personas que en cada acción de su
vida buscaban poner su corazón para los demás y el beneficio universal. Cris a
cada día de sus 44 años salvaba obstáculos, desánimo y agobios para darnos
mucho y bueno; por ello es fantástico tener un día señalado al año para venerar
a tantas personas que no desfallecen en dar y dar.
De nuestra Cris me gustaría
enmarcar que conociendo todos sus sufrimientos, en sus penosas enfermedades,
viendo ahora (a toro pasado) sus penurias, que padeció en sus últimos 4 años de
vida humana llena de trombos, no es difícil calificarla de mártir, porque
seguía resistiendo en su llamada diaria, en su búsqueda de la alegría y el bien
al prójimo a pesar de encontrarse muy limitada físicamente, cuando no era capaz
de subir a su casa sin pararse unas cuantas veces producto del ahogamiento que
padecía por su secas venas.
Acercándonos a la “Santidad”
personificada de Cris, no nos queda más remedio que alegrarnos de tenerla tan
cerca antes, ahora y por siempre.
Buscando sus brazos encontraremos
siempre el abrazo acogedor y sincero.
Buscando su sonrisa encontraremos
siempre alegría.
Buscando su favor encontraremos
siempre ayuda.
Buscando su generosidad
encontraremos siempre su escucha.
Buscando su acogida encontraremos
siempre su Amor.
Buscándola, la encontraremos porque Ella siempre sale
a nuestro encuentro.