Camino todos los días recorridos que Cris hacía en su vida, toco sus
objetos, y en la casa de Cristina disfruto con sus cositas, que con tanto amor
iba guardando. Cual si fuese una hormiguita, Cris llena de la energía del amor,
hizo posible el sueño de cualquier pareja, sin ella nada sería posible. Cris
que me dio su sangre en vida, me sigue cuidando desde el cielo, en verdad, yo
sin ella no sería lo que soy. Me llega al corazón y que este mío pueda
mantenerme en vivencia con dosis de su esencia.
Escuchando hoy el evangelio, VII domingo del tiempo ordinario, Lc 6,27-38,
en el cual Lucas nos narra como Jesús nos exhorta a amar a los enemigos, en definitiva a dar cariño a los que menos
simpáticos nos puedan caer; me da mucha pena la de veces que he reñido con Cris
por pedirme fuese mejor humano, y Cris no dejaba de abrazarme y ahora en
acariciar mi alma, y yo me encuentro muy querido, que maravilloso es el Cariño
de Cris. Me quedo muy abrigado y procurando cobijar como ella me ha enseñado y
ahora me invita.