Domingo de carnaval, que lindo ver disfrutar a tanta gente, paseando con
sus disfraces y gastando las típicas bromas entre ellos, y sobre todo a los que
vamos a disfrutar sin disfrazarnos por tantas y diversas circunstancias, que
nos provocan sonrisas llenas de gozo humano, transparente y cien por cien
tierno.
Cristina, como casi todo en su vida terrenal, disfrutaba enormemente como
ella solía hacer; le encantaba, saltaba, sonreía buscando llevarla para
compartirla con todos. Infelizmente, y sin querer dañar tan bonito relato, a mi
no me gusta disfrazarme y como en tantos trocitos de la vida de Cris, ella no
los podía disfrutar al cien por cien. Se suele comentar, con un alto porcentaje
de consenso, que las diferencias son positivas al poder aprender, compartirlas,
en fin enriquecerse de las mismas. En mi humilde opinión, ese casi apotegma,
tiene un tanto por cien que ni es enriquecedor ni positivo, desgranarlo bien llevaría a un profundo
análisis que no es el objeto de este comentario; yo solo busco relatar que Cris
disfrutaría mucho más de la vida si yo me pareciese más a ella, y en este caso
no me refiero a sus virtudes sino a sus gustos, tan diferentes, incluso con
personalidades tan distintas, sobremanera en la complacencia con la vida
humana.
Pienso, busco y encuentro a Cris disfrazada, abriendo su linda boca para
regalarnos tan increíble sonrisa, tan llena de plena felicidad, y sobre todo
plena de amor. En fin que mi conclusión
no deje de cerrarme en el mismo sitio , falta por mi parte bondad, generosidad, amor y esfuerzo por los
demás. Su Luz tan brillante no para de cegar mis debilidades para buscar un
sitio en donde poder coger trocitos de un lado, trocitos de otro para dar y
recibir, para poder desear que día tan bonito para disfrutar con amigos o en
definitiva con todo humano que tengamos la suerte de coincidir.
Sigamos el ejemplo de Cristina