Ayer
nos dejaba en cuerpo Mary Carmen Insua, la mujer de D. Arturo. Bella persona
cargada de Amor para los demás. Me encontraba en Cáritas cuando recibí la
dolorosa noticia, y me salió inmediatamente un recuerdo repleto de actos de
ayuda a los más débiles, Caridad sin límites. Como Cristina, desde la más absoluta discreción mantuvo una
ayuda permanente a la necesidad; no voy a nombrar casos concretos, pero si un
detalle, un reflejo luminoso: por su última casa en Marqués de Ugena desfilaban
una tras otra personas que buscaban donde bien sabían que moraba la
generosidad, la ayuda desinteresada, la ayuda sin propaganda.
Cristina
se mimetizaba en tan dulce relación, como vecinas: las dos generosas, las dos
repletas de simpatía y bondad, tanta y encantadora que a mi me resultaba precioso
escuchar a Cristina; tal y tal detalle, con el que se había encontrado con Doña
Mary Carmen, porque la esposa de D. Arturo, el cual la espera en el Cielo como
ejemplar marido, formaban fantástico matrimonio que nos regalaron al resto de
humanidad con seis maravillosos hijos.
Siento ese dolor humano cuando alguien que tanto queremos, que tanto se
volcaba con todos, nos deja en su vida terrena, pero como de un mundo mágico se
tratase hoy celebramos del Domingo de Ramos, el pueblo recibe a Jesús, en Jerusalén,
con gran alboroto y lleno de júbilo. Jesús preparado para su muerte veía ya
cercano su destino a la derecha del Padre.
Con
júbilo silente, pero intenso en amor, honramos a Mary Carmen, que como dos
gotas miscibles con Cris, las vemos en el reino de nuestro Padre, practicando
lo que vinieron a hacernos siempre, el BIEN.