Me encuentro disfrutando de un día muy especial. La festividad de
Pentecostés es un gozar con alto entusiasmo, la renovación continua en el día
mayor de la fiesta de Pascua me acerca al mundo donde Cris descansa. Descansa,
es difícil imaginar descansar a Cris, desconozco su vida divina, desconozco si
su alma alcanzará tanta dedicación al esfuerzo. Yo solo reflejo su luz, y ella
me llega nítida como de una lámpara recién estrenada. Mi vida gira alrededor de
su magnífica Luz, y ella me llega todos los días, puede que resulte cansino,
pero en verdad es tanto lo que he recibido y tanto lo que recibo, que creo
jamás me cansaré de repetirme. En no pocas ocasiones, tantas personas buenas y
bienintencionadas sobrevaloran mi generosidad y mi bondad, no alcanzando a ver
tanta grandeza en Cristina. Pero bien sabe Dios, quien es el Sol de nuestra
unión matrimonial, la joya que relucía y que el Señor me regaló con todo su
amor, increíble gracia que uno no se veía digno de recibir; si digno, no me he
equivocado. Sin miedo a equivocarme, Cris hubiese merecido un mejor esposo, esposo
que solo suplica ayuda para estar con cierta pulidez y reflejar tanta MAGNIFICA
LUZ.