Es sensacional sentir que uno es querido, a todo
ser humano le encanta esa bonita sensación y no nos deja escapar una sonrisa
que regalarle a una vida terrena repleta de momentos no tan dulces. Haber disfrutado
del amor de Cristina durante 26 años y 4 meses ha sido el regalo jamás soñado. Es
cierto que uno se vuelve inconsciente y duro en sensibilidad, dejándose
impenetrable a semejante regalo y por mucho que le golpeé la felicidad del
amor, el ser humano puede comportarse como un androide, falto de ética, valores
y corazón que acoja tanto bien recibido.
Suplico por una reflexión pausada, que cale en
nuestra mente para comprobar que a cada golpe de amor debemos devolver con
otro, y no solo devolver, sino comprender que echar egoísmo lejos es lo mejor
que podemos regalarnos. Valorar el bien recibido y compartirlo en plenitud que
grande obra se vuelve.