En este relato en la profundidad de todo lo que me
ha dado Cristina, hoy me gustaría saborear sus sentimientos, que siempre redirigían
para el alegre bien. Su mente rebosaba tal cantidad de oxitocina que podría
destrozar problemas, sufrimientos e incluso dolores en su precaria salud. Su mente
no dejaba de sumergirse en las profundidades, buscando sentimientos positivos y
lindos para ayudarnos a todos los que la rodeábamos.
Yo envuelto en una personalidad totalmente
contraria, no cesaba en darle disgustos con tanta rareza y ciertas maldades, que yo mismo, provisto de una sindéresis que
Dios me ha dado, comprendo de la complejidad y dificultad en aguantarme; solo
al alcance de un Ser lleno de dones y sentimientos profundos repletos de amor
para los demás.
Ahora desde el cielo sigue sin cesar transmitiéndonos
sentimientos que nos hacen ver lo que es importante en nuestra vida. ¡ Vivamos a
Cris ¡