Me conmueve y me hace sentir a Cristina cada vez que puedo absorber
belleza. Cristina siempre albergaba ese halo innato de atraer con esa belleza limpia,
digna, paciente y reluciente en valores, que la humanidad tanto agradece.
Disfrutar de su ciudad preferida, Santiago, no deja de hacerme florecer un
tanto de sus virtudes. Alegre, dicharachera, chispeante y al mismo tiempo
paciente, la disfruto en los recuerdos compartiendo por los tejados de la catedral, paseando
por la Alameda y cenando en la rúa do Franco. Esa belleza tocada y absorbida
despacio, no me deja indiferente, todo lo contrario me provoca zozobrar de
enérgica felicidad. Mi Esposa Inmortal siempre
tan cercana a los desamparados, no nos abandona un momento, y bella como
siempre en su perenne sonrisa, nos alegra el corazón.
Como nos escribió el filósofo francés Gabriel Marcel, me abandono a estos
aforismos de egregios pensadores:
“Amar a otro es decirle; tú, tú, no
morirás”
Solo el amor nos lleva en plenitud, nos realiza como persona.
Y Miguel de Unamuno:
“Quien a otro ama, es que quiere
eternizarse en él”.