Cris conoció la angustia y el dolor, ante ello se apartaba de la tristeza y
nos envolvía con su sonrisa tan linda como lo era todo ella.
Recibía las contrariedades y los dolores, de cualquier clase, como ocasión
para ejercer la fortaleza, feliz fortaleza. Siempre con un dominio sobre si
misma, a prueba de tempestades; la constancia, el valor, el perdón a las
personas que la hacíamos sufrir, la paciencia, la humildad, la búsqueda de
ayuda para otras personas y, con frecuencia, la alegría de haber vencido los
males que le afectaban,
Cristina era increíble, tanto a las duras como a las maduras, jamás
desfallecía y sacaba brillo en cada momento. Amó la vida terrena como estoy
seguro ahora ama la vida celestial; a uno le cuesta mucho no verla, tan
brillante sonrisa jamás se me borrará de mi mente y sobremanera tan majestuoso
corazón jamás me dejará solo.
En tanto momento que la vida nos golpeé, yo y ustedes recordemos a
Cristina, amemos a Cristina y con total seguridad encontraremos un camino por el cual devolver la paz, amor y
alegría a nuestras vidas.