Los domingos siempre han sido un día especial en mi existencia. Y ahora,
desde que Cris nos ha dejado aquí en la tierra, si cabe son más grandiosos y
extraordinarios. El día del Señor uno se dedica a saborear el amor de nuestro
Padre, orar celebrando la Eucaristía, limpiar el alma, y existe uno. que me produce un sinapismo tan
necesario para una persona normal como
yo, como es rezarle a la Virgen en su santo rosario, teniendo como principal
combustible el amor que Cris ha dejado en la tierra, es como una fiesta que me sumerge en un edén.
Cristina era recién conocerla y asomarte a un mar lleno de amor. Y traigo a
este momento dos tipos de forma de ofrecerlo:
Uno, en sus años de laborioso trabajo en la gestoría, era mucha la gente
mayor que le demandaba ayuda en gestiones, que para ellos se hacían montañas.
Tengo vivido momentos llenos de paciencia y dedicación al alcance de unos
cuantos elegidos.
Segundo, en no pocas ocasiones me regañaba, con toda
la razón y cariño, por mi falta de civismo, mala educación y largos etcéteras.
Recuerdo especialmente cuando conduciendo, yo cometía desaires poco edificantes
de disconformidad con otros conductores.
¡ Vivamos a Cris ¡