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domingo, 2 de febrero de 2020

San Juan Bosco


Conocí a Cristina plena de salud, vitalidad y energía; también llena de amor, virtud que la acompaño hasta su muerte humana. Resalto las primeras cualidades porque no se me olvidará jamás como las enfermedades la fueron agotando. En aquel 1990, en 5º curso del ciclo superior de Administración de Empresas de aquel FP de antaño, celebrando con gran felicidad el día de su patrón, San Juan Bosco, el 31 de enero todo el alumnado  llenaba las aulas de comida y bebida, pero sobre todo de una camaradería que yo no conocía, se fundían en gran amistad y lo disfrutaban en grande.

San Juan Bosco (1815-1888) fuera el fundador de la Congregación Salesiana y el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, sacerdote volcado en la educación de los jóvenes necesitados, le valió el reconocimiento de las autoridades y el pueblo.
San Juan Bosco narra que su vida cambio a los nueve años, con un sueño que luego sería conocido como premonitorio:

(...) Cuando tenía nueve años, tuve un sueño... ¡Este sueño me acompañó a lo largo de toda mi vida! Me pareció estar en un lugar cerca de mi casa, era como un gran patio de juego de la escuela. Había muchos muchachos, algunos de ellos decían malas palabras, Yo me lancé hacia ellos golpeándoles con mis puños. Fue entonces cuando apareció un Personaje que me dijo: «No con puños, sino con amabilidad vencerás a estos muchachos» Yo tenía solo nueve años. ¿Quién me estaba pidiendo a hacer algo imposible? Él me respondió: «Yo soy el Hijo de Aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día. Mi Nombre pregúntaselo a mi Madre». De repente apareció una Mujer de majestuosa presencia. Yo estaba confundido. El me llevó hacia ella y me tomó de la mano. Me di cuenta que todos los niños habían desaparecido y en su lugar vi todo tipo de animales: perros, gatos, osos, lobos... Ella me dijo: «Hazte humilde, fuerte y robusto… y lo que tú ves que sucede a estos animales, tú lo tendrás que hacer con mis hijos». Miré alrededor y vi que los animales salvajes se habían convertido en mansos corderos... Yo no entendí nada… y pregunté a la Señora que me lo explicara... Ella me dijo: «A su tiempo lo comprenderás todo».

Cristina seguro desconocía esta historia del Patrón, que con tanta felicidad festejaban, con sus 19 años poco le importaba, pero llevaba dentro de si ese sueño, como reflejo de su vida. Cris nos trataba a todos con una amabilidad, que amabilidad tan impresionante.

Le pido a San Juan Bosco que interceda por mi memoria para no olvidar jamás las  sonrisas más bellas nunca vistas. Y aquel amor que yo sentí, visitando aquellas instalaciones de FP llenas de alegría, con un halo reflejo de su corazón, su sangre inunda mis sentidos y gozo pleno en su amor.

¡Viva San Juan Bosco¡ Vivamos a Cris