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domingo, 3 de abril de 2022

El encanto de su sonrisa

 

En no pocas ocasiones me refugio en la fe para mantener viva a Cristina, y creo sinceramente que esa fe es un tesoro, que como bien está definida en Hebreos 11:1, “la fe es la certeza de lo que nos espera y la convicción de lo que no se ve”, me traslada a ver a Cris viva y verla sonriente, a tenerla presente y ver el encanto de su sonrisa perenne y siempre conmigo.

En línea con esta reflexión leía esta semana lo que le había sucedido al profeta Ezequiel, el cual también tuvo la desgracia del fallecimiento de su mujer y al que Dios le pidiera no hiciera duelo por ella, para que así viudez fuera un signo ante los israelitas, que tampoco podrían hacer duelo por la futura destrucción de Jerusalén, “encanto de sus ojos”.

Me fue dirigida esta palabra del Señor: “Hijo de hombre, voy a arrebatarte repentinamente el

encanto de tus ojos; pero tú no entones lamentaciones, no hagas duelo, no llores, no derrames

lágrimas. Suspira en silencio, no hagas ningún rito fúnebre. Ponte el turbante y cálzate las san-

dalias; no te cubras la barba ni comas el pan del duelo”. Yo había hablado a la gente por la

mañana, y por la tarde murió mi mujer. Al día siguiente hice lo que se me había ordenado.

Entonces me dijo la gente: -¿Quieres explicarnos que significa lo que estás haciendo?

   (Ez 24,15-19)

No piensen que yo trato de compararme a un profeta, nada más lejos de la realidad. Ni que tampoco tengo comunicación, como él la tuvo, con Dios. Yo solo soy una persona más en este mundo, que si hice y hago duelo por el fallecimiento de Cristina, que me duele en el corazón su falta y que no desfalleceré en enamorarme cada día del encanto de su sonrisa.