Pages - Menu

domingo, 25 de septiembre de 2022

La oración es bien

 

El domingo pasado me impresionaba la segunda lectura (1Timoteo 2,1-8), y digo me impresionaba porque nos pone ante la gran medicina, y no me refiero a la medicina clínica, que nos procura nuestra salud humana; sino a esa medicina que nos permite transcender más allá.

Así, pues, quiero que los hombres oren en todo lugar, levantando las manos puras, sin ira ni discusiones”.

La oración como prioridad para los hombres nos convierte en vivos por siempre y en disposición de estar esperando, de nosotros mismos, la bondad, la generosidad y la bonhomía. Un humano es por naturaleza imperfecto: “… quien de vosotros esté sin pecado, que tire la primera piedraS. Juan [8,7], apegados a la oración seguro tenemos un medio para irnos autocorrigiendo.

Orar es acercarse a nuestro Padre Dios, quién de vosotros no está deseando acercarse a vuestro padre, pues lo mismo, al Padre de todos, orando lo conseguiremos.

Orar es ponerse delante del bien, sentirlo e interiorizarlo, con lo que ello conlleva de transformador.

Orar es olvidarse del mal y por tanto alejarse de nuestras debilidades y acercarse a todo lo bueno que todos tenemos dentro.

Orar es acercarse a nuestros seres queridos, cuyo final en la tierra nos ha dejado desamparados, orando podemos contemplarlos, amarlos y seguir viviéndolos.

Orar nos engancha al bien, nos lleva a un mundo mejor y nos hace mejores personas.

Orar provoca agradecer.

Orar provoca amar.

Orar me provoca Cris.