Ayer aproveché que fue sábado para ir a cambiar el teléfono móvil que había sido de Cris, y que estaba utilizando desde hace un año porque el mío no era inteligente. El caso es que el que había usado Cristina se estaba volviendo inoperativo por obsolescencia. Me acerque a la tienda de Miguel (Orange), donde tengo mi línea contratada y Cris tenía todo lo de la telefonía móvil de la empresa y tan bien la trataban. Me ha atendido un educado empleado y he tenido la oportunidad de saludar a Miguel, siempre es un placer saludar y compartir un poquito con personas que trataron tan bien a Cris. Saco esto a colación porque cuando volvía para Cáritas las lágrimas se me caían por la cara; me acordaba de la última vez que estuve con Cristina en la tienda, debió ser a finales del 2014, Cris ya quería que cambiase el terminal (Cris siempre quería lo mejor para mi, podía ella pasar sin algo pero para mi lo mejor), y recuerdo me había comportado de una manera displicente y un tanto maleducada con la persona que nos había atendido, al no disponer del terminal que yo llevaba elegido en la promoción que la compañía me había enviado a casa con la factura.
Cris me reñía, y con toda la razón, muchas veces por mi mala forma de ser, la mayoría de las broncas que teníamos era porque ella trataba de corregir mi mala educación; recuerdo cuantas veces me decía: "pero no le saludaste, ..., no le has sonreido nada, todo seco..,porque le pitas...". Salvo sus últimos 4 años donde las terribles enfermedades que padecía: artritis, ...., coagulación en la sangre (que finalmente fue la que nos la llevo de la tierra), en las que su divino caracter inevitablemente se había deteriorado, que MARAVILLA HUMANA que aún mantenía tanta alegría, vitalidad y bonhomía, y mi deficitaria paciencia se agotaba por momentos, nuestras discusiones era para educarme, y yo que, pobre de mi le hacía poco caso, que desgracia.
Ahora me doy cuenta de que lástima, como me he comportado no haciéndole caso, por ello tengo tanta pena, ahora me doy cuenta,..., que pena me doy, y lloro amargamente que MARAVILLA tenía en la tierra. Que su LUZ y la de Dios me hagan mejor persona; todas las noches le dirigo esta jaculatoria:
GRACIAS
PERDÓNAME
y AYÚDAME