Ayer veía una película sobre el mundo de la cocina, de los mejores
restaurantes, y como ya os tengo contado pienso a cada momento en Cris, pero ya
cuando lo que perciben mis sentidos y sentimientos está relacionado con algo en
concreto que me lleve con más fuerza, si cabe, a ella.., pues lo imagináis.
Cristina era una enamorada de probarlo todo, yo más conservador me gusta de
repetir si el manjar me resulta apetitoso, pero el dinamismo de Cris era de una
maravilloso apasionamiento de degustar nuevos sabores y compartirlo con todos
lo que la rodeaban, con el camarero, con el cocinero, con comensales de
alrededor,.., en fin sois conocedores de que como era para charlar y repartir
cariñosa conversación. Y lo mismo cuando hacía de cocinera, siempre tratando de
que probaras sus experimentos, sus recetas innovadoras (me acuerdo cuando viene
con las crestas de gallo), y he de confesar que llegará a alcanzar un nivel muy
aceptable. Que grande Cristina, porque más allá de al fin ser comida, Cris
seguía con su línea y era una virtuosa del amor, porque lo que en el fondo ella
deseaba era COCINAR AMOR, estar con los seres humanos y servirlos con todo lo
máximo que pudiera, desprendida en la cantidad y la calidad.
Ayer viendo la película paladeaba un sabor agridulce, que a ella, por
cierto, tanto le gustaba, y a mi no tanto; pero intento ver mi vida como un
exquisito postre que Cris me prepara día a día.
VIVAMOS A CRIS