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domingo, 4 de marzo de 2018

Amparo


Un sueño, un efecto largamente complaciente, su Amparo sosteniendo de mi figura. Perdida en la piel, en el contacto. Recuperada en el espíritu, sintiendo su Amparo a cada instante. Amparo, protección, resguardo, defensa. Amparo nombre de una mujer que cuidó a Cris de pequeñita en el colegio, está magnífica mujer que desde hace 30 años ayuda al doctor Lezcano a cuidar de nuestra boca. Su bondad, su cariño, su sonrisa y cercanía siempre me había cautivado y más profundamente escuchando a Cristina, una y otra vez, cuanto la había cuidado en unos momentos que en el Fray Luis de Granada la tenían no demasiado bien amparada, pero ahí estaba Amparo. Ya os podéis imaginar la dulzura que Cris le ponía cada vez que recordaba disfrutando el relato de cuanto la había cuidado Amparo.
Después de unos años de descuido, fruto de la apatía que desde el 2011  la enfermedad de Cris nos había sometido y luego por su huida al Cielo, me acerqué estos días pasados a hacer una revisión bucal, como hacíamos anualmente Cris y yo. Y palpo y siento la flor abierta dando su fragancia, el Lezcano con el “ábreme mucho”, “ábreme más”, que yo tanto le repetía y reía con Cris; y Amparo con toda su grandeza humana. Presencia de Cris por todos los lados, mi Angel de la Guarda presente, Lezcano y Amparo muchas gracias. Los dos como siempre, solo faltaba Cris en cuerpo, para tocarla, para abrazarla, para besarla,.., ya que en los sentimientos éramos los cuatro como tantas veces.