En la
casa de Cristina uno se siente como envuelto en sus brazos. A cada detalle se
percibe la sensibilidad tierna de Cris, está repleta de retratos y fotos de
cualquier amistad o conocido que le obsequiaban con una; Cris no los guardaba
en el olvido, para ella el amor era lo principal y los colocaba en rincones de
su casa, de su corazón. Cris amaba la vida con todo su contenido, con inmensa y
poderosa energía.
Graciosamente
disfrute de Cris momentos en que su juventud hacía distraer a las enfermedades
que la rodeaban constantemente (porque me hablaba de su infantiles tiroidismo,
hepatites,..,) provocando cierto desasosiego en su cuerpo humano, que trataba
de no proyectar hacia los demás. Sencillamente era un volcán cuya lava brotaba
con una excelente temperatura para disfrutar de un ser humano que endulzaba
cada cosa que hacía. Trabajadora, luchadora y siempre radiante en felicidad,
alejando además la dura infancia vivida, sin casi conocer a sus abuelos (solo
unos fantásticos añitos a su queridísimo y amada abuelo paterno), con sus
padres cada uno en su hogar, pero,
Cristina siempre era Cristina, Amor y Felicidad.
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Su casa
como espejo de su alma contiene detalles que te llenan de Felicidad. Cris, como
diría Séneca, nunca carecía de Alegría, pues la Alegría nace en su propio Ser.
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Cris
nunca nos dejará de amarnos, pues ella misma es AMOR