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domingo, 25 de noviembre de 2018

Párate, por favor, párate


Cristina salvo, como siempre insisto, en sus últimos cuatro años de vida humana en los que las enfermedades menguaron hirientemente su energía vital, ha sido desbordante y pasional en cualquier actividad que abordara. Cuando me refiero a actividad cubro todo el espectro que un humano puede desarrollar en su vida terrena, véase: trabajo, diversión, compartir, querer, etc.. Cris en todo ponía su alma, poseedora de una elevada vitalidad sin descuidar en absoluto de proceder con exquisita dulzura, paz y alegría, como solo “elegidos” lo pueden compaginar y ofrecer con su perenne sonrisa cargada de cariño y gentileza.

De seguido a este largo prefacio me introduzco en el objetivo de esta semana que tanto necesitamos. Por una vez y sin que sirva de precedente y según lo que semeja deducirse de este exordio precedente, parece que Cris no va a poder ayudarnos. La materia, es que ocupamos los segundos de nuestra vida en tanto en tanto alcanzar el objetivo más egoísta, que no es otro que querernos mucho, mucho, a nosotros mismos.., provocando  no disponer de tiempo para poder interiorizar, reflexionar y madurar nuestros pensamientos, sentimientos y cultivar nuestra vida interior para paliar tanta carencia, recibida alguna y horneada por nosotros otra. Yo estoy lleno de tanta negativa materia que busco en Cristina, y aunque parezca que, por lo escrito, no encontraría más que su siempre ayuda desinteresada e incansable, su Luz Espiritual me acerca a alguna terapia contra tanta debilidad: vanidad, hedonismo, precariedad en la caridad,…

Y es que fruto de su elenco de virtudes Cris siempre nos ofrece algún tesoro. Acercarse a Cristina es sentir siempre algo sublime, y aunque encontremos alguna carencia, sus pertenencias son de tal grandeza que nos imbuye en magnífica aureola, llena de pócimas para nuestras debilidades.