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domingo, 7 de enero de 2018

EL ORIGEN. El regalo que Dios me tenía preparado (X)

En 1991 Cristina acabo el Ciclo Superior en Administración, en la que de aquella era Formación Profesional. Su vivacidad, su ganas de vivir y sonreir me atrapaban a cada segundo, pero era su magnífico corazón lo que me llegaba como el mar toca la orilla; con majestuosidad, grandeza y llena de vida. Me ofrecía tanto cariño, que recuerdo nuestros largos paseos, nuestros domingos apurando al máximo antes de mi triste marcha a Ferrol, en donde su ternura, se mezclaba con mi sangre más fría para anegarme de un amor que yo jamás creí existiera, me quedo sin palabras…., mis ojos se quedan secos recordando tan gloriosa humana, sobremanera que lo hacía sin esfuerzo, todo era natural para Cristina.
 Recuerdo los libros que me fotocopiaba hoja a hoja, sus esfuerzos para tenerme todo lo que necesitaba, sus abrazos diarios, sus sonrisas….También recuerdo ese año sus lloros, en el esfuerzo en sacar el carnet de conducir, la práctica provocaba en ella tanto nerviosismo que le había costado mucho, creo recordar que había ido 8 veces al examen, pobrecita lo que sufrió en aprobar el examen práctico. Pero volvamos a lo que casi siempre triunfa en su vida,  ese año en fin de curso se fueran de excursión a Grecia, escucharla era quedarse en un limbo feliz, estar en otra dimensión, contaba todas sus “travesuras”, como había montado en burro en Mykonos, su visita al Partenón, sus juergas con los griegos, …, en fin que es infeliz humanamente escribir como  tanta fuerza alegre de la naturaleza ya no está más que en espíritu profundo, marcando más y más Amor en mi alma, en mi corazón. A ti cariño mío me pego para coger aire y seguir respirando, para coger tu magnífica luz y seguir reflejándola, nunca me dejes solo por favor mi Amada Inmortal.
Ayer ha sido el Día de la Epifanía del Señor, los Magos de Oriente siguiendo una estrella buscan al niño rey recién nacido para adorarlo y obsequiarlo con todos los mejores regalos, siento que a mí Dios me hizo el regalo más hermoso jamás soñado, el regalo que nunca me hubiese imaginado, no porque lo buscara, no porque lo ansiara…, simplemente porque no era capaz de saber que existiese tal REGALO.