Un sueño, un efecto largamente complaciente, su Amparo sosteniendo de mi
figura. Perdida en la piel, en el contacto. Recuperada en el espíritu,
sintiendo su Amparo a cada instante. Amparo, protección, resguardo, defensa. Amparo
nombre de una mujer que cuidó a Cris de pequeñita en el colegio, está magnífica
mujer que desde hace 30 años ayuda al doctor Lezcano a cuidar de nuestra boca. Su
bondad, su cariño, su sonrisa y cercanía siempre me había cautivado y más
profundamente escuchando a Cristina, una y otra vez, cuanto la había cuidado en
unos momentos que en el Fray Luis de Granada la tenían no demasiado bien
amparada, pero ahí estaba Amparo. Ya os podéis imaginar la dulzura que Cris le
ponía cada vez que recordaba disfrutando el relato de cuanto la había cuidado
Amparo.
Después de unos años de descuido, fruto de la apatía que desde el 2011 la enfermedad de Cris nos había sometido y
luego por su huida al Cielo, me acerqué estos días pasados a hacer una revisión
bucal, como hacíamos anualmente Cris y yo. Y palpo y siento la flor abierta
dando su fragancia, el Lezcano con el “ábreme mucho”, “ábreme más”, que yo
tanto le repetía y reía con Cris; y Amparo con toda su grandeza humana. Presencia
de Cris por todos los lados, mi Angel de la Guarda presente, Lezcano y Amparo
muchas gracias. Los dos como siempre, solo faltaba Cris en cuerpo, para
tocarla, para abrazarla, para besarla,.., ya que en los sentimientos éramos los
cuatro como tantas veces.