Cristina salvo, como siempre insisto, en sus últimos cuatro años de vida
humana en los que las enfermedades menguaron hirientemente su energía vital, ha
sido desbordante y pasional en cualquier actividad que abordara. Cuando me
refiero a actividad cubro todo el espectro que un humano puede desarrollar en
su vida terrena, véase: trabajo, diversión, compartir, querer, etc.. Cris en
todo ponía su alma, poseedora de una elevada vitalidad sin descuidar en
absoluto de proceder con exquisita dulzura, paz y alegría, como solo “elegidos”
lo pueden compaginar y ofrecer con su perenne sonrisa cargada de cariño y
gentileza.
De seguido a este largo prefacio me introduzco en el objetivo de esta
semana que tanto necesitamos. Por una vez y sin que sirva de precedente y según
lo que semeja deducirse de este exordio precedente, parece que Cris no va a
poder ayudarnos. La materia, es que ocupamos los segundos de nuestra vida en
tanto en tanto alcanzar el objetivo más egoísta, que no es otro que querernos
mucho, mucho, a nosotros mismos.., provocando no disponer de tiempo para poder interiorizar,
reflexionar y madurar nuestros pensamientos, sentimientos y cultivar nuestra
vida interior para paliar tanta carencia, recibida alguna y horneada por
nosotros otra. Yo estoy lleno de tanta negativa materia que busco en Cristina,
y aunque parezca que, por lo escrito, no encontraría más que su siempre ayuda
desinteresada e incansable, su Luz Espiritual me acerca a alguna terapia contra
tanta debilidad: vanidad, hedonismo, precariedad en la caridad,…
Y es que fruto de su elenco de virtudes Cris siempre nos ofrece algún
tesoro. Acercarse a Cristina es sentir siempre algo sublime, y aunque encontremos
alguna carencia, sus pertenencias son de tal grandeza que nos imbuye en
magnífica aureola, llena de pócimas para nuestras debilidades.