Buscando el calor de Cristina, en no pocas ocasiones,
me encuentro envuelto en un árido y frio viento, que provoca en mi sensaciones
desagradables y desequilibrantes en este mi débil y pecaminoso cuerpo.
Desde una preeminente atalaya, en la que disfruto
de la luz de Cristina, y preso de un deseo tan dulce como fuerte, tan
maravilloso como estruendoso, tan hermoso como impetuoso,.., surgen momentos
humanos que me conducen, no sin cierta vehemencia, a encontrar incomprensión,
falta de perdón y capacidad empática para con ciertos comportamientos humanos
que me provocan zozobra por la carestía que percibo en su falta de recuerdo
generoso con Cris.
Por encima de todo, Cris me recrimina, no quiere
que nazca en mi ningún tipo de pensamiento en el que falte el corazón puesto a
disposición de los demás, por ello busco y rebusco en su enseñanza, en su luz
para que pueda ser mejor persona, y abandonarme en pura alma, llena de hermosura,
paz y bien.