Pages - Menu

domingo, 1 de septiembre de 2019

EL ORIGEN. El regalo que Dios me tenía preparado (XIV)

Aquel fin de año de 1994, anunciando el 1995, era para nosotros un feliz día y una estupenda noche, en especial para mí, porque es para los tímidos que unidos a la juventud nos sentimos como llenos de poderío, razón y desbordando tanto andrógeno que el cuerpo producía. Cris como perteneciente a esa especie divina, selecta y elegida entre pocas, ya disfrutaba cada día de su vida; desbordaba alegría, sosiego, paz, amor y sobre todo mucha sonrisa, salvo cuando yo la disgustaba, y todo ello bañado con un ser persona, ser humana, ser corazón, ser SER. A cada segundo nos cargaba de todo un poco, era tal su energía bondadosa que no dejaba de ofrecernos tanto corazón, que uno no puede más que abandonarse al triste momento de la melancolía nostalgiosa, que llena mi sangre de oxígeno para seguir viviendo en esta nuestra tierra.

En este verano de 1995, nos acercamos a Valladolid, ver al novio y actual marido de su siempre amiga Chon, el querido José Manuel nos ofrece toda su hospitalidad y bonhomía acompañándonos en un par de tardes-noches por la propia ciudad y los pueblos cercanos de Simancas, Fuensaldaña y Mucientes, creo recordar que fue en Fuensaldaña donde en un restaurante bajo tierra (antigua bodega) nos  cenamos un suculento cordero a la forma de hacer castellana. Felices y maravillosos momentos, cerca de Cris, juguetona y cariñosa, buena como la miel y alegre como el champan. El calor sofocante de aquel julio no perturbaba nuestras andanzas por tierras tórridas castellanas, recuerdo en Salamanca como nuestro AX, llenado el depósito se pone a pingar gasolina produzco de su evaporación, que miedo y suerte percibimos de tal circunstancia. Subimos por Zamora, A Gudiña, Viana do Bolo, A Rúa, Quiroga, Sarria.  

En aquellos momentos su enfermedad estaba aletargada y media dormida, aunque no dejaba de ofrecer síntomas, nunca desde que la conocí le pude apretar los tobillos, por el dolor que le causaba, era una situación que a mi en aquel momento me causaba ternura y sonrisa por verla quejarse con tanta dulzura, Cris era sufrida y tan buena que hasta daban ganas de comerla. Hasta que  el dolor la consumió  desgarrando todo su SER y media abandonada, en esta tierra que tenemos que seguir cultivando, con tanto amor obsequiado, para conseguir un mundo mejor como Cris contribuyó y ahora sigue con su extraordinaria tarea.

Que alegría disfrutar de tanto bien, de tanto amor, de tanta felicidad.