En la vida humana uno no deja de encontrar grandes momentos en los que
disfrutar. Personalmente el haber conocido a Cristina me transporta a un momento cargado de emociones preciosas y donde
el brotar a un mundo particularmente donoso, me provoca la incesante acción de
gracias a Dios.
Tanto amor recibido, y con tanta humanidad, que puedo asegurar, de tal maravilla, que me provoca hacernos
sentir vivos en un universo bello y precioso.
Impulsado por eximio ejemplo, como venido del cielo sin esfuerzo y con el
único objetivo del bien, uno casi se ve empujado a recordar a cada segundo su
sonrisa, su generosidad, su alegría, su paciencia…, me paro en esta virtud de
Cristina para recordar cuanta tuvo en aguantarme en, por ejemplo, tantas y
tantas ocasiones que su bondad en el abono de tanta invitación, muy por encima de las que recibía,
le valía un “rapapolvos” de un servidor por tanta reiterada actitud, que ella
disfrutaba de una manera inmanente en su Ser.
Relato una más de tantas situaciones que veo ahora con sentimientos
enfrentados, pero si seguro con un resultado unívoco:
“Amarla cada segundo de mi vida
Venerar cada trocito de su Ser
Imitarla en todo lo que pueda”