Recuerdo como me sorprendía tanta atención, que daba y recibía Cris. No acostumbraba
yo a ver una dedicación tan transparente, clara
y tan viva, como la que intercambiaba Cristina con tantas personas. Para
mí era entrar y disfrutar de un mundo desconocido, y ahora puedo decir, como el
apotegma de Isaac Newton:
“Mi visión ha llegado lejos,
porque me he subido a
hombros gigantes”
No quiero que esto suene a ínfulas, ni oropeles. Mi reflejo es una
experiencia personal, extraordinaria, fidedigna, y me atrevo a decir que “sufrida”
en algunas ocasiones; y me explico, “sufrida”, por mi forma de ser: la
dificultad en el trato cercano, la dificultad en ofrecer tanta bondad, cariño y
alegría, me llevaba, como digo, en determinadas ocasiones, a no disfrutar
plenamente de ello.
Hoy, en estas letras que se envuelven cada semana en un Ser maravilloso, se
dirigen a tanta y tanta persona que rodeó y rodea a Cris de tanto afecto. Rodeada
de Amor por personas que lo merecen, personas buenas de corazón que cuidaron a
Cristina con tanto detalle. Hoy no me quiero centrar en nombres, en concreto,
solo quiero daros las gracias a todos, y muchos que rodeasteis de amor a Cris.
A todos:
“Siempre
agradecidos, os quieren Cris y Manu”