Cuando más tiempo disfruto de cada rincón de la Casa de Cristina, mayor es
mi felicidad. En cada trocito de ella existe un trocito de su corazón, en cada
trocito yo recibo un regalo, en cada rinconcito existe un halo de su aliento
que permanece lleno de amor, que se mantiene en vilo en su ausencia física.
Amanece como si su olor permaneciese sonoro al olfato, su increíble melena,
la cual no necesitaba ni peinar, luce perfumada a mi vista, su suave piel roza
vistosa con mi mano. Mano que toca un cuadro que comprara Cris en nuestra luna
de miel, en la visita, al museo J.Paul Getty en las colinas de Santa Mónica
(LA, USA), se hizo con la réplica de “El Paseo” de P.A. Renoir; en el mismo una pareja camina despojando
sensaciones de cómplice enamoramiento, como viéndonos a nosotros ella se
recreaba en su vivencia. Y ahora yo me acuerdo a donde irán esos besos que he
guardado y no he dado; a mi esposa, a mi esposa.
Me fundo en el corazón de Jesús resucitado, hoy día de Pascua y en La Casa
de Cristina me veo lleno de reviviscencia, revivo en su lecho que tanto me ha
dado, revivo en su nombre, revivo en toda ella, revivo en mi esposa que hasta
su sangre me ofrecía a cada momento, revivo y vivo disfrutando de este día,
lleno de Luz. Feliz Pascua de Resurrección