En la homilía de hoy el P. Alejandro, al hilo de la lectura del Evangelio,
Mt 10,37-42 Domingo XIII del tiempo ordinario, reflexionaba que no existe amor
más grande que el dado sin esperar nada a cambio, el que ofrece lo mejor que
puede, el que regala lo que más lo necesita, el que perdona sin esperar un
arrepentimiento. En una sociedad que solo encuentra el, primero yo y luego yo
también, en donde bajo un falso paternalismo emperializamos a nuestros hijos,
el P. Alejandro resaltaba, no sin razón, que amar es sufrir. Y así es, yo os
puedo relatar cuanto padecía Cris, en tanto quererme y hacer de mí una persona
buena como ella lo era; “no puedes ser así, el rencor no lleva a ningún lado,
se más cariñoso y amable, porque le pitas, no me contestes mal,…”, en fin sería
muy largo y tedioso. Parece pertinente el mostrar este tipo de sufrimiento,
existe el otro que es todo el esfuerzo físico y psíquico que Cris tanto tenía
que hacer para no dejarnos desamparados.
La vida rica en amor no es menos rica en sufrimiento. Hoy en la homilía del
P. Alejandro sentía su sufrimiento, tanto como su amor.
¡Que Dios la bendiga¡