Corría 1997 Cris y yo pasábamos largo tiempo juntos, era un año feliz donde
ella trabajaba duramente en la gestoría empresarial y yo seguía estudiando. La
enfermedad aún no aparecía, salvo en muy puntuales ocasiones, y ello nos
permitía ser más felices. Pasaba largos temporadas en Calvo Sotelo 197, en
aquella casa que Cris le alquilara el primer piso a la señora Manuela. Todo se
volvían atenciones cada vez cada vez que llegaba y me abrazaba sonriente
siempre a cada una de mis llegadas. Con absoluta seguridad recuerdo haber
vivido los mejores momentos de mi vida. Dios me daba todo lo que una persona
puede querer para ser feliz. En ese año dábamos largos paseos en verano disfrutábamos
con la visita de amigos y como no de alguna que otra fiesta, pero sobre todo de
estar siempre juntos en cada minuto que el día nos ofrecía.
Es muy difícil explicar que ha sido Cristina para mí, probablemente pueda
resultar saciador para quien lea este pequeño mundo, pido perdón si toco cierto
hastío y aburrimiento. Pero me resulta insaciable relatar mi fuente de
vivencias maravillosas y regalos que Cris me daba a casa momento. Increíble de
verdad, se acerca el quinto año de su fallecimiento y no cesan de correr en mis venas amor y amor,
ha sido y es tan magno, tanto tesoro recibido que mi corazón no puede reprimir
soltarlo y mis ojos llorar y mi alma brillar.