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domingo, 27 de septiembre de 2020

Otra vez más amor

     Recibí ayer un whatsapp de una maravillosa amiga de Cris, de sus tiempos de estudiante de Relaciones    Laborables en el campús de Lugo. Puedo contar en esta bitácora que me ha llenado los depósitos de amor. Me levanto con energía y persigo a todo ser vivo prolongando tanta maestría recibida.

Cristina me hablaba de ella uniéndome en un vergel florecido, cargado de fruto y repleto de la más grande de las virtudes, el AMOR. Ya conocida y disfrutada por mí, saboreaba todo lo imaginado, volviéndose cumplido todo mi onírico ser.

Su amiga me lleva a magníficos recuerdos, nostalgia reunida de regalo, sensaciones capaces de cargar con dificultades y tristezas. Su amiga buena, su amiga generosa;  me mantiene cerca del cielo, desde donde puedo sentir a Cristina,  en mi piel y en mi corazón brota mucha felicidad. Me envuelvo en ese halo de alto cariño, que conforma su amistad, sus elogios (hacia mi) inmerecidos y me dejo ir como un barco a la deriva, deriva que amo con locura y me digo: “Otra vez más amor”. Ese amor sopla fuerte, y yo, bisoño en este arte, me encuentro zozobrado, sin sentir peligro, muy al contrario que un pobre naufrago. Ese mar son sus brazos unidos, ese mar son sus miradas, ese mar son sus dificultades, ese mar son sus sonrisas, ese mar son sus mensajes, ese mar son sus almas; ese ese mar que te regala hasta la última gotita de riqueza, es ese mar gigante en virtudes que Cris y su amiga tienen para ofrecernos un baño jamás olvidado.


Esa parte de ese mar se llama María, y nosotros le llamamos María de Pontedeume.

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