En nuestra luna de miel, Cristina y yo estuvimos, en Los Angeles, con una familia de corazón, que no ha dejado de darnos amor y más amor. Recuerdo a la increíble Otilia cogiendo su Honda paseándonos por todo LA, como una madre, más que una cicerone. En una de tantas y tantas paradas nos acercó al The J. Paul Getty Museum. Si pretendo recordar que hemos visto, pues sencillamente contesto: “no recuerdo nada”. Nada salvo, no por mi memoria, si tengo siempre presente el cuadro de Pierre-Auguste Renoir, El Paseo, sencillamente porque Cris compró una lámina de su representación, la enmarcó y permanece colgado en nuestro salón. Se ve a una pareja de enamorados paseando muy elegantemente por una especie de bosque. Él, galán, le está ayudando a ella, coqueta, a ascender por un sendero rodeado de un frondoso verdor, hojas de una abundante flora.
Hoy contextualizo y pongo en escena para un ulterior desarrollo como crítico amateur de cuadros; me sentaré delante del durante largo tiempo, observando y buscando en cada pincelada la belleza del amor de Cris.
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