Este viernes ha sido el día de la Virgen del Carmen, que advocación tan extraordinaria, que divinidad su maternidad inmaculada y que proyección terrenal en el tesoro de ser madre. En ese fantástico prodigio que permite a una mujer dar a luz, dar vida. Son esos momentos en que uno se vuelve mágico sin serlo, se vuelve rey sin dominio, se vuelve poderoso sin imperio, se vuelve amoroso en el reino de Dios. Cristina no pudo ser madre, con toda seguridad hubiese sido una madre increíble, pero el Señor le tenía otro camino y que seguro es el camino mejor, el más fantástico.
Cris quería dulcemente a todo humano y no era menos con mi abuela María del Carmen y que en este día yo recuerdo con Cristina siendo amada, Cristina cuidándola en sus momentos más felices y más difíciles, Cris estaba a todas horas alimentando a un hermano en Cristo. Las dos están en el reino de Dios, en los cielos más majestuosos, más brillantes y yo puedo decir que por ellas derramo gratitud y me lleno de alegría, vierto lágrimas que me hacen mejor persona y aún allí donde puede haber dolor hay terreno feliz.
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