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domingo, 1 de agosto de 2021

En paz, uno se asemeja a Cris

 

Acercándome al Monasterio de San Paio encuentro el amor en el cuerpo y en el alma. Desde aquel diciembre de 2016, en el que buscaba un refugio en el que alimentar mi espíritu vahído, he encontrado en las madres Benedictinas la perfecta acción del amor de Dios. Vuelto tras la pandemia y un tanto desorientado tras casi 18 meses sin visitarlas, constato con entusiasta fruición que el amor se cultiva, se trabaja, en definitiva se entrena, se prepara uno para asimilarlo en su circunspecta medida. De la misma manera, purificándome me acerco a Cris y Cris se acerca a mí purificándome, y que con  esta especie de perífrasis pretendo transmitir algo perfectamente nítido: vale mucho la pena acercarse al amor puro, pío y misericordioso, el amor verdadero al que la llama no se le apaga, se consume pero revive, permanece perenne alimentada por el amor. Si permanecemos en ciertos momentos del día inertes, abandonados al amor; con total seguridad alcanzamos a succionar parte del mismo. Parece un oxímoron, pero este blog que, en cierta medida, puede semejar una flagelación, resulta nadas más alejado de la realidad una fuente de enérgico amor, que agranda el corazón. De la misma manera permanece en paz en el seno de esta comunidad benedictina, donde siento tocar a Cristina, su presencia se afianza en mi ser y me vuelvo mejor persona, fluye en mi sosiego, tranquilidad, paz y amor. No falla, practica la generosidad y serás más generoso, practica la caridad y serás más caritativo, práctica amar a Cristina y serás más parecido a ella.

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