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domingo, 29 de agosto de 2021

La Promenade (El Paseo) Renoir (II)

Contemplo con absoluta ternura el cuadro de Renoir, y me veo subido a un mundo de ensueño. Como Cristina Renoir sufre de artritis, esto hace que su trabajo tome otro sentido, el dolor le hace sentar cabeza, y las pinturas se comienzan a empapar de un realismo nunca visto. Renoir comprende al fin que la realidad sin alterarse es también bella, que las imperfecciones hacen contraste con las perfecciones, y es en esa diferencia donde se encuentra la belleza. Nace en el pintor el deseo de vivir su realidad. Avanzado en años siguió pintando incluso teniendo que atarse el pincel a la muñeca por los dolores de la enfermedad. Este amor se puede percibir en la delicadeza de las figuras y la alegría que se manifiesta en todos sus trabajos. De la misma manera siento yo en el dolor por el fallecimiento de Cris ese amor que cubre mis debilidades, que me hace ver con alegría nuestra vida humana, la siento tan profundamente que encuentro felicidad en todo lo que me transmite, sus valores, su belleza, su verdad.

Y veo que en torno a los personajes se despliegan diversas gamas de verdes , mostradas por los rojos y blancos de algunas flores , así como por la dorada luz solar que se infiltra entre las hojas. El tapiz vegetal absorbe los contornos de las figuras , que aparecen unidas de forma natural al medio que las rodea . 

La dama viste un ligero traje blanco que cobra irisaciones azuladas , con el cual contrasta la oscura indumentaria de su acompañante. El ambiente del cuadro sirve para subrayar las relaciones emotivas y sensuales que existen entre sus personajes . Un examen detallado pone de manifiesto la espontánea técnica de ejecucion de Renoir, su peculiar manera de enlazar las amplias pinceladas que describen convincentemente las calidades de los ropajes, sin cubrir por completo la imprimación del lienzo , que desempeña un importante papel expresivo.

Renoir no se detiene en la descripción de los detalles , sino que esboza las formas con manchas de color que definen tan sólo sus perfiles principales. Las manos enlazadas de la dama y el caballero son, por ejemplo, una simple nota de color que contemplada a distancia ha de sugerir con realismo la presencia de unos dedos que no han sido individualizados por lineas de contorno . Por otra parte, el carácter espontáneo y abocetado del cuadro se halla atestiguado por el cambio de idea patente en la mano izquierda del caballero , que Renoir situó en principio en una posición más adelantada que la definitiva , sin preocuparse luego para ocultar la linea de dibujo.

Me veo tal cual, el personaje sombrío y menos brillante, ante Cristina imponente, cuya beldad se percibe a los pocos segundos de contemplar el cuadro, cuya bondad se palpa, cuya limpieza se ve en su alma. Yo solo puedo contemplarla para buscar mi luz, y es en ese paseo donde recurro para no perderme y poder seguir la guía que me vela, que me enseña, que me orienta.

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