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domingo, 17 de octubre de 2021

Vísperas

 

Mañana se cumple el sexto aniversario del fallecimiento humano de Cris, y seguro que de su vislumbrar celestial. Son tantos los motivos que a ello invitan, que no hace falta ser arcano, ni místico para ver tanta luz verdadera. El cariño que estoy recibiendo de Alucem (Asociación Lucense de Esclerosis Múltiple), a la cual mañana vamos a entregar el donativo anual, es tan grande y maravilloso en la solemnidad previa, que no ceso en estar en una gozosa y fulgurante levitación. En especial su amiga María, como Cris le llamaba “María de Pontedeume”, es todo ternura, cariño hecho humano y bondad permanente. Son tantas las atenciones que me lleva regalado, que mi cuerpo se vuelve goma. La visité este pasado Jueves en su casa, me colmó de amor y me regaló el libro, medio escrito y todo inspirado por ella: “As visitas de Escle a mamá”, que relata las heroicas vivencias de una mamá, como ella, sufridora de esta terrible enfermedad, y los padecimientos compartidos con su pequeño hijo, como su hijo Xoel, que no logra comprender que le puede suceder a mamá con tanta y destructiva frecuencia. Es un libro sencillo de leer, pero muy complejo de escudriñar y casi inextricable para personas sanas y libres de deterioros como los provocado por esta malévola enfermedad.

María era para Cris una persona muy especial, la recuerdo comentado lo impresionante de su bondad. Cris no lograba vaciar su boca de epítetos tan extraordinarios, que uno no alcanza a encontrarlos sin gran dificultad, pero si a amar a María con extraordinaria facilidad. Lo afirmo con rotundidad y objetividad, porque yo también lo comprobaba de aquella y ahora, siendo primer protagonista y menesteroso en tanta virtud, lo vivo firmemente.

María: Cris y yo no solo te queremos, te adoramos, te recordamos,.., Cris y yo nunca te olvidamos.

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