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domingo, 6 de marzo de 2022

Compartir

 

Cuando uno piensa desde la profundidad de su verdadero interior, facilita la consecución de alcanzar los sentimientos más brillantes y, sobremanera, más verdaderos que uno porta. Obviamente ello no quiere decir que sean importantes, ni mucho menos virtuosos; pero si serán los más genuinos de cada persona.

Habla el claretiano padre Pablo D’Ors, que es en la paz interior y desde ese silencio de la vida contemplativa, donde se puede clarificar nuestro Ser y se aprende a compartir con los demás. Si, compartir, me quedo con este bello verbo que me refleja tanto de Cristina. Lo primero que te compartía Cris era su sonrisa, te recibía siempre con esa sonrisa tan propia de ella, que albergaba tantas cosas: alegría, belleza, misericordia, afabilidad e invitaba a sentirse querido, recibido, comprendido y lleno de magia.

Para Cristina compartir era un valor intrínseco, el cual llevaba tan dentro que se veía a la distancia. Conmigo compartió todo, se volcó en darme más de lo que podía, en ella encontraba maravillas inimaginables, descubrí lo que era el amor dado sin esfuerzo, pleno y radiante.

Compartir, siempre compartir. Te quiero Cristina.

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