Era un sábado de febrero, rezando laudes con las MM Benedictinas de San
Paio en una de las dos lecturas escuche:
“La esposa es el sol de la familia”, carta de Pio XII a unos recién
casados.
A cada palabra que escuchaba veía en toda su intensidad a Cristina, el
reflejo de todo su enseñanza y todo su ejemplo, fue tan bonito que nada más
acabarse fui ávido a copiarla. Quiero compartirla con todos vosotros, yo
humanamente veo un reflejo de mi querida esposa, pero lo hago extensivo a
tantas magníficas esposas y madres. Que gran amor desprenden las mujeres, que
cercanía, generosidad, bondad, ternura. Que maravilla, escucharos por favor y
vivid el amor menos interesado:
“La esposa viene a ser como el sol que
ilumina a la familia. Oíd lo que de ella dice la sagrada Escritura: Mujer
hermosa deleita al marido, mujer modesta duplica su encanto. El sol brilla en
el cielo del Señor, la mujer bella, en su casa bien arreglada.
Sí, la esposa y la madre es el sol de la
familia. Es el sol con su generosidad y abnegación, con su constante prontitud,
con su delicadeza vigilante y previsora en todo cuanto puede alegrar la vida a
su marido y a sus hijos. Ella difunde en torno a sí luz y calor; y, si suele
decirse de un matrimonio que es feliz cuando cada uno de los cónyuges, al
contraerlo, se consagra a hacer feliz, no a sí mismo, sino al otro, este noble
sentimiento e intención, aunque les obligue a ambos, es sin embargo virtud
principal de la mujer, que le nace con las palpitaciones de madre y con la madurez
del corazón; madurez que, si recibe amarguras, no quiere dar sino alegrías; si
recibe humillaciones, no quiere devolver sino dignidad y respeto, semejante al
sol que, con sus albores, alegra la nebulosa mañana y dora las nubes con los
rayos de su ocaso.
La esposa es el sol de la familia con la
claridad de su mirada y con el fuego de su palabra; mirada y palabra que
penetran dulcemente en el alma, la vencen y enternecen y alzan fuera del
tumulto de las pasiones, arrastrando al hombre a la alegría del bien y de la
convivencia familiar, después de una larga jornada de continuado y muchas veces
fatigoso trabajo en la oficina o en el campo o en las exigentes actividades del
comercio y de la industria.
La esposa es el sol de la familia con su
ingenua naturaleza, con su digna sencillez y con su majestad cristiana y
honesta, así en el recogimiento y en la rectitud del espíritu como en la sutil
armonía de su porte y de su vestir, de su adorno y de su continente, reservado
y a la par afectuoso. Sentimientos delicados, graciosos gestos del rostro,
ingenuos silencios y sonrisas, una condescendiente señal de
cabeza, le dan la gracia de una flor
selecta y sin embargo sencilla que abre su corola para recibir y reflejar los
colores del sol.
¡Oh, si supieseis cuán profundos
sentimientos de amor y de gratitud suscita e imprime en el corazón del padre de
familia y de los hijos semejante imagen de esposa y de madre!”