Que gran
herencia siente uno al visitar un hogar y poder respirar esa piel tan natural,
transparente, llena de frescura y amor al mismo tiempo. En San Esteban de
Lousadela, al lado de la casa de mis padres se encuentra una pequeña casa, de
no muchos años y la cual responde a O Penedo fruto de una galleguita emigrada
de muy pequeña a Asturias, Lupe y su marido Eugenio, asturiano propio, minero
de los Mieres aguerridos pero que desprenden un calor humano que se puede uno
imaginar al carbón ardiendo. Allí Cris se encontraba muy querida y ella es
fácil imaginar que disfrutaba en esas cálidas aguas.
Pues visítelos
(utilizando su meloso bable) estos días pasados, dado que se había acordado de
regalarme un bote de nueces ya preparadas para degustar; y regalármelo con el increíble
recuerdo de lo que tanto me gusta, pero más le gustaba a nuestra Cris, a ella
le encantaba comer esas nueces preparaditas, ya partidas y desprendiendo tanto
cariño, tanto amor.
A esa
casa que tanta sensaciones transmite de Cris, visitolos y encuentrome en una
nube que me empapa las mejillas y siento tanto amor que déjome casi ahogar por
ellas.