Como de
costumbre me acerqué, ayer sábado y hoy, a almorzar y estar un rato con mi queridísima
suegra Virginia, a la que muy cariñosamente Cristina le llamaba, en no pocas
ocasiones, Filito. Filomena había sido la abuela de Virginia y el querido Toño
del Adaxa, desconozco el motivo, le había empezado a llamar Filo a Virginia, y
Cris derivara a Filito.
La
pobrecita Virginia me prepara unos almuerzos cargados de ternura, cariño y gran
esfuerzo. Puede estar padeciendo, estar triste, haga frío, haga calor…,desde
que Cris nos dejara terrenalmente, Virginia las mediodías de los sábados y los
domingos me baña de AMOR, como fiel reflejo de la presencia divina de Cristina,
nuestra Cris sigue presente uniendo y alimentando nuestra vida.
Su presencia
siempre está entre nosotros. Recuerdo a Cris, muy afligida, en el año 1993
cuando su querida Filito sufrió las arritmias de corazón que había puesto en
peligro su vida humana, y tuviese que pegarse, al inseparable anticoagulante
SIntron, de por vida. Con apenas 54 años su vida cambiaba, aún recordaba hace
poco Virginia, 25 años después cerca de los 79, que nunca hubiese imaginado
vivir tantos años.
El caso es que absorbo, todo lo que puedo, el
jugo más directo de Cris, es inabarcable tanto contenido, cualquier detalle y
motivo me conducen a su mundo, a su misión, a toda su magia que me regala con
tanta naturalidad como siempre ha hecho. En no pocas ocasiones, humanamente, se
me hace cuesta a arriba, pero su maestría, su luz no dejan de bombear amor. Ese
amor que yo recibo para seguir su ejemplo, jamás la alcanzaré en nada, pero
trato de seguirla porque ello te lleva al cielo; en no pocas ocasiones ruego
irme junto a ella, a volver a estar con
ella más cerquita.
Pero
mientras estamos en esta tierra, busco estar con Filito, ello me hace sentir su
sangre, protegiéndonos y queriéndonos mucho.
Mis amores para Virginia, entrañas vivas donde salió nuestro angelito.