Pasado
el San Juan, el precursor del Señor, el niño deseado, el santo al que Sarria ha
hecho su Patrón; la fiesta que mi fina melancolía arruga mi corazón, al
recordar el incipiente Amor a Cris y al recordar desde la más temprana edad,
que uno puede fijar su memoria, una excelsa abuela ofreciendo a su familia todo
lo que su corazón podía bombear. Añoro su cercanía en la maravillosa
hospitalidad con la que siempre tenía abierta su casa para con todos, amaba el
trato con el ser humano. Sonrisa profusa con amor para todo ser vivo, engalanaba
su casa, en Porvenir nº 5 a partir de todos los abriles y hasta bien entrado
octubre, con dulces y coloridas flores; como queriendo, desde su humilde y
organizado hogar, hacer una morada cálida a quien se acercase a ella, una casa viva en
Amor, viva en la más profunda esencia de una mujer fuerte, aguerrida y al mismo
tiempo tierna, dulce, que abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos a
quien la amparase en su hermosa figura.
Recordáis
a mi abuela, que estirando con divina fuerza su sinapsis neuronal, acordaba en
profundo llanto la desaparición humana de Cristina. Con mi sesgado y,
probablemente, ebrio corazón de tanto Amor, me fundo en dos mujeres que me han
llevado a tan increíble y dulce estado.
Cristina
quiere mucho a mi abuela, era para ella su abuela, y pasado el San Juan, mi
abuela no podía permitir poder dejarnos huérfanos de lúdica fiesta, se ha ido
buscando al Señor, nuestro Dios de los Vivos, para El todos viven. Su Alma y la
de Cris danzarán divinamente.
Y saben una cosa, nuestra abuela se llama CARIDAD y no tengo nada más que decir.