Uno, con
tanta luz, siente el cortisol hervir tan fresco y dulce que se ve a la deriva
de un magnífico delirio sensorial. El verano provoca sintamos un aporte extra
de alegría, acompañada de hechos como el encuentro con la familia, amigos en
lugares no habituales, la playa, la casa de los abuelos,…, en definitiva
momentos llenos de alegría y felicidad.
En este
verano de 2018, desde la Casa de Cristina, veo a Sarria preciosa, disfruto
sobre manera de los maravillosos crepúsculos amanecientes, siento la espera
vibrante de un magnífico día. Cristina era al contrario, su preferido era el
crepúsculo de la puesta del sol, su condición de búho, apasionada de la noche
tierna llena de amor, nos hacía diferentes como en tantas y tantas cosas. La compresión,
el respeto y la complementariedad son tres ingredientes que Cristina siempre
abanderó, tomamos ese ejemplo y disfrutamos de este apasionante y maravilloso
verano.
Disfrutarse,
sentirse, apasionarse, sonreírse, alegrarse, abrazarse,…, y tantas y tantas
más.
Viva el verano